Al cerrar este período

domingo, 12 de mayo de 2013


En unas horas se instalará un nuevo periodo legislativo, y entre informes y mudanza de oficina, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones y aprendizajes personales y políticos de estos años.


Una de las cosas más importantes que he aprendido es que  por buena que sea una ley y el esfuerzo que se ponga en su elaboración, sirve de poco si los ciudadanos no sabemos exigir que se cumpla y si los jueces deciden bajo presiones políticas o de otro tipo en lugar de aplicarla. Las leyes son sólo herramientas, y por lo tanto hay que usarlas bien y usarlas para bien. De lo contrario podemos ver -como he visto yo estos años y en varios casos- que las mejores ideas son manipuladas para justificar los peores resultados, el caso del Consejo de Participación Ciudadana y sus concursos es el más crudo ejemplo de ello.


La fiscalización y el control político son la deuda más grande de este período; espero que un día sea evidente quienes procuramos cumplir con nuestro trabajo y quienes se encargaron de impedirlo.  El intento de juicio político al entonces Fiscal General del Estado me mostró -por primera vez, luego vendrían otras- la peor cara de la política: la del temor al poder sin escrúpulos,  la extorsión, la diferencia entre lo que algunos saben y lo que están dispuestos a decir en público, y el cálculo de las conveniencias por encima de todas las otras consideraciones. Pero también me mostró  el valor y la dignidad de quienes son capaces de enfrentar todo aquello.


Tuve también el privilegio de crear y coordinar el Grupo Parlamentario por los Derechos de las Mujeres y demostrar que es posible conciliar alrededor de objetivos concretos a pesar de legítimas diferencias políticas en un espacio diverso. En ese y en todos mis espacios de responsabilidad trabajé en contacto y consulta con la sociedad civil;  con plena consciencia de que mi deber era con los ciudadanos a los que representaba.


Estos también fueron años de duras decisiones. Cuando empezamos este camino (me refiero a mi y a mis compañeros del Movimiento Ruptura) éramos muy críticos de aquellos políticos que se guiaban exclusivamente por las encuestas, apostando por lo popular aunque no fuera correcto o sostenible,  pensando en crear clientela y no ciudadanos. En el "ejercicio del poder" aprendimos que no es fácil tomar decisiones que aunque correctas sean impopulares. Preferir la construcción de democracia y ciudadanía es remar contra corriente; afortunadamente también aprendimos que aunque no es el camino fácil fuimos capaces de escogerlo.


Finalmente, quiero decirles que en esta etapa posterior a la Asamblea seguiré haciendo lo que he hecho estos años: contribuir y participar en el debate de los asuntos públicos; trabajar porque nuestro Movimiento Ruptura sea una organización que se toma en serio la política y se constituya en una alternativa democrática. Seguiré apostando a la política como acción colectiva y no como aventura personal; construyendo otras formas de liderazgo en que ser firme no sea violentar  ni humillar a nadie,  en que ejercer la autoridad no sea  sinónimo de abusar de ella. Y sobretodo, seguiré creyendo que la política vale la pena, que es la herramienta para lograr la justicia  y la vida libre, digna y con oportunidades para todos y todas.

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